martes, 17 de enero de 2017


El gran territorio mexica centraba su poder en demostrarlo a los demás: su riqueza, milicia y los caprichos del emperador que se convertían en órdenes. Uno de ellos, tal vez el más extravagante y dogmático, fue Moctezuma, quien tenía gran interés por la naturaleza y conocer a los animales más exóticos: lobos, jaguares, aves rapaces, coyotes y seres humanos; no cualquier ser humano, por supuesto, sólo aquel que estuviera deforme. Y sus deseos no se limitaron a los animales.

Hombres, mujeres y niños que tenían la cara, el cuerpo y todos los vellos blancos eran los más extraordinarios, según Bartolomé de las Casas. Los albinos eran considerados como humanos y divinos a la vez, pero los enanos, jorobados o aquellos que consideraban monstruosos, quedaban bajo el cuidado de otros seres humanos. Cuando el emperador tenía comidas importantes, los presentaba como entretenimiento. Según López de Gómara “siempre estaban presentes en sus comidas enanos, jorobados, tullidos, todos reunidos allí para su entretenimiento y diversión, que luego junto con los bufones y saltimbanquis, tenían permitido comer las sobras de su comida en un rincón del salón”. 

Todos tenían aposentos y eran bien alimentados. Para Moctezuma se trataba de seres extraordinarios que valía la pena coleccionar y catalogar. En todo el mundo existieron este tipo de zoológicos que encerraron a lo diferente, a lo extraño o lo que para ellos era “monstruoso”. Cómo no recordar los circos de los horrores donde se exhibían mujeres con barba, enanos o seres que lograban hazañas que ningún otro podía; aunque al menos ellos recibían algo a cambio.

En el siglo XVI los Medici también tenían una colección de diferentes etnias, desde turcos hasta africanos. Y así, la tradición retrógrada de engalanar los espectáculos con personas continuó hasta mucho después. En París, en 1881, fueron raptados y exhibidos once aborígenes que encerraron en el Jardín de Aclimatación. Más tarde la exposición se trasladó a Berlín donde fueron colocados junto a un grupo de avestruces. Las presentaciones se cancelaron en Suiza por la mala salud de los aborígenes, una vez que murió una pequeña niña de la familia, por fin los dejaron libres. Es sabido que un episodio similar ocurrió con una familia de mapuches.

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Pero en Bélgica ocurrió el episodio que demostró lo poco civilizados que eran los europeos. Tal vez el peor lugar para nacer deforme. A finales de la Segunda Guerra Mundial, este país se convirtió en un sitio sumamente atractivo tanto para los negocios como para la vida política, pero también para mostrar espectáculos diferentes a los acostumbrados en cuanto a entretenimiento. Bruselas se convirtió en el lugar donde el racismo se transformó en sinónimo de diversión.

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En 1958, se inauguró la primera feria desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial. La Exposition Universelle et Internationale de Bruxelles pretendía mostrar al mundo ideas de fraternidad, equidad e innovación para un futuro próspero. Muchos países llevaron inventos que pretendían cambiar el mundo, pero Bélgica, con ganas de mostrar todas las culturas del mundo, hizo una exhibición de comunidades africanas a las que las personas se podían acercar para alimentarlas.

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Familias enteras y niños negros se encontraban encerrados por pequeñas rejas de bambú. La gente se acercaba para darles de comer y acariciarlos. Esta exhibición fue visitada por 41 millones de personas y ni una de ellas se alarmó por la muestra de racismo que se estaba llevando a cabo, nadie mostró molestia ni enojo.  Mientras la NASA parecía ser la agencia más grande de Estados Unidos, el microchip estaba por inventarse, Elvis Presley se unía a la armada, los europeos exhibían humanos detrás de rejas.

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Sin duda esta historia belga es la más aterradora por su cercanía a los tiempos modernos, pero existen muchísimas más en las que los negros eran exhibidos por ser extrañamente diferentes. En Oslo, Noruega, en 1914, existía un pequeño pueblo donde la gente podía admirar extraños hombrecitos de color como parte de su diversión diaria: Villa Congo.

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Ahí vivían 80 personas de origen africano que simplemente intentaban seguir con sus vida diaria, algo que causaba admiración y deleite entre los asistentes, a quienes les parecía gratamente exótico. Más de 1 millón de noruegos asistían para ver el espectáculo: un cúmulo de africanos que vestía y vivía conforme a sus costumbres. El rey inauguró la exposición y se convirtió en una diversión completamente única.

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Vivir entre la humillación y el espectáculo, estar en ese lugar como esclavos: a la fuerza y en condiciones deplorables, es tal vez uno de los sacrificios que las civilizaciones debemos pagar simplemente por ser diferentes. Tal vez nadie nazca preparado para lidiar con lo que nos causa extrañeza, incluso cuando vemos un enano en la calle es casi imposible clavar la mirada y poco a poco, disimularlo.

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Ellos, los que mostraron que los fenómenos y el morbo siempre serán una atracción garantizada, también son parte del descubrimiento del mundo. Así como consideraban que los gorilas eran una especie de humanos salvajes y peludos, creyeron que las diferencias de raza y piel eran algo que los demás podrían observar con curiosidad y un negocio completamente redituable. Un negocio que garantizaba la posición de los imperios ante los menos protegidos.

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No es algo de lo que se enorgullezcan y que aparezca en los libros pero fue la historia de estos países y ahora, los que heredaron el poder de ese país, deberán cargar sobre sus conciencias el error que sus antepasados cometieron.

Esos seres humanos que los europeos creían menos superiores y dotados, también son reflejo de su ignorancia. Tal como estas criaturas mitológicas que al final, nos dimos cuenta de que en verdad existían.
fuente:http://culturacolectiva.com/zoologicos-humanos-el-oscuro-secreto-racista-de-europa/

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