martes, 10 de marzo de 2015

CARAL: LA CIVILIZACION MADRE DE AMERICA DEL SUR


 Caral fue la capital de la civilización Caral, situada en el valle de Supe (del vocablo quechua Supay “el maligno”), 200 kilómetros al norte de Lima (Perú), tiene aproximadamente 5000 años de antigüedad y es considerada, como Patrimonio Cultural de la Humanidad y es considerada la civilización más antigua de América.




Esta antigua ciudad de pirámides fue levantada en la margen izquierda del río, sobre una gran terraza que está a 350 metros sobre el nivel del mar. Hasta antes de las investigaciones arqueológicas en Caral se consideraba que en los inicios de la civilización andina los antiguos incas se organizaban en pequeñas aldeas dedicadas a la recolección de tubérculos o mariscos y la caza en pequeña escala.

Su complejidad arquitectónica, su ordenamiento espacial y de extensión, y los testimonios de su cultura material permiten inferir, a falta de nuestro conocimiento sobre su escritura, la existencia de especialistas que lograron desarrollar ciencias aplicadas como la geometría, aritmética y astronomía, dentro del contexto religioso que se extendió en todas las actividades. Estos conocimientos fueron plasmados en la construcción de la ciudad y, posiblemente, en la confección del calendario. El instrumento ideológico les permitió el manejo de la población y de sus excedentes de producción.



Contemporánea de otras civilizaciones como las de China, Egipto, India y Mesopotamia, pertenece a ese “boom” de civilización, a ese “salto cuántico” de conocimiento que aun la ciencia no ha sido capaz de dilucidar como y porque se dio; ya que según la arqueología tradicional, de la noche a la mañana,  pasamos de ser tribus nómadas, con un grado insignificante de organización, a fundar “ciudades-estado” con colosales construcciones con alto grado de precisión, en resumen, con una ebullición de un saber ”imposible”.
Visitar Caral, no es solo ir a mirar un montón de piedras; es estar en un meseta desértica, observar una cultura avanzada que levanto pirámides, centros ceremoniales, sistemas de irrigación, etc.; hacen denotar su eficiencia tecnológica mostrada en su construcción, autosustentable y ecológico; ya que sus constructores, decidieron dejar intacto el valle fértil, para su conservación; punto que no preservo la etnia Wari (aproximadamente asentados en el año 200 d.c), del cual se pueden observar restos ruinosos en el valle del rio Supe y muy discordantes a la magnificencia de Caral.

Vemos, como en medio de áridos parajes, se levantó una civilización que por el contrario que nos quieren hacer ver como necesidad para el proceso “civilizatorio”, no tuvo como menester del derramamiento de sangre para poder avanzar como pueblo, el no encontrar ningún tipo de fortificación, ni armas; da la idea del talante espiritual de los habitantes pre incaicos de esta sociedad.



La ciudad presenta 32 pirámides truncas de diferentes dimensiones que están construidas como plataformas superpuestas para ganar altura, según los últimos estudios, cuentan con una tecnología en construcción que puede resistir hasta un sismo de 7,5 grados.
La experimentación genética permitió la producción de plantas con frutos de mejor calidad y tamaño y con mayor resistencia a las plagas. Con este manejo se obtuvo una mayor producción, tanto en alimentos cuanto en productos para el intercambio con el litoral y otros pisos ecológicos, una de las pruebas que se exponen son los cuatro colores naturales de algodón: rojo, beige, crema, marrón de los cuales se hallaron restos.
¿Cómo fue posible que surgiera la “civilización” al mismo tiempo en las diferentes partes del planeta?, ¿cuál era la conexión entre las diferentes culturas del planeta?, ¿cómo es posible que grandes construcciones, se erigieran al mismo tiempo en Mesopotamia, India, China, Egipto y en América?; teniendo en cuenta que en este espacio temporal, no se contaba con la tecnología suficiente para hacer estos prodigios de la construcción, y que a duras penas acabábamos de salir de la prehistoria.

Geometría Sagrada en Caral

El Ojo de Dios

De los muchos objetos recuperados por los arqueólogos en Caral, uno de ellos es singular por su forma y significado. Se le ha llamado "el ojo de dios". Lo forma una armazón de carricillos o palitos colocados en forma de cruz o equis sobre la que se ha tejido una cobertura con hilo de algodón de varios colores a modo de espiral, partiendo de la unión de la intersección de los palitos. El aspecto final es con forma de rombo o rectángulo. 


Arriba izquierda: "Ojo de Dios" contemporáneo de la nación Ashaninka de la amazonia peruana. Arriba derecha: Los encontrados en Caral (tomado de "Caral, La Civilización más Antigua de América"). Abajo: Dibujo esquemático de los artefactos publicada en el Boletín de Museo de Arqueología y Antropología de la UNMSM (año 4, nº 4, 2001).

El símbolo de el “Ojo De Dios” en sí, es una referencia al Sol y la Cruz del Sur, aunque su forma, poseería también un significado más elevado, en el sentido de señalar la unión entre lo bajo y lo alto, la tierra y el sol, el hombre y lo superior.

No tiene una forma encontrada al azar, sino que se trata de una forma geométrica resultante de la observación astronómica. Los antiguos hombres 'llevaron el cielo a la tierra' y lo representaron con este símbolo que encierra componentes contrapuestos que explican una visión del universo, siendo de esta manera representados lo masculino y lo femenino, el cielo y la tierra, el arriba y el abajo, energía y materia, tiempo y espacio. 


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