viernes, 20 de marzo de 2015

CHECTA: LA OTRA“ESCRITURA DE LOS DIOSES”


El enigma de la escritura peruana en quilcas (arte rupestre) ha sido una cuestión pendiente para los intelectuales y durante muchos años este tema ha estado circunscrito a hipótesis historicistas y a la presunción de que existió una escritura en el Perú, cuyo término denotativo de "quilca" (presente en todos los diccionarios quechuas y aymaras del siglo XVI) es una evidencia indirecta relacionada que lo prueba.


Al menos esto fue sugerido por intelectuales, el estudio realizado por los arqueólogos Antonio Wong Robles y Gori Tumi Echevarría logró establecer que los años 2500-1000 antes de nuestra era común corresponden al desarrollo y difusión de la primera y más antigua escritura peruana, que se incluye en la Fase 2 de las quilcas de Checta. "La secuencia de Checta, señala Gori Tumi, constituye una de las muestras artísticas más contrastadas existentes en el Perú -desde el Periodo Arcaico hasta el Periodo de influencia Chavín en los Andes centrales- y ha proveído evidencia clara para la identificación y rastreo de la primera escritura peruana".

Un Poco De Historia


La palabra Checta significa "roca rota o leña agrietada” en quechua, una lengua antigua que aún se habla en algunas partes de las tierras altas de Perú. Los Petroglifos de Checta, fueron descubiertos en 1925 por el sacerdote Pedro Villar Córdova, se compone de cerca de 100 rocas, que representa aproximadamente 450 ídolos que se asemejan a los humanos, animales, plantas, cuerpos celestes y otros dibujos con características abstractos de difícil identificación. La mayoría de los petroglifos se encuentran ubicados de cara al norte y al noroeste.


Están dispersos en una zona arqueológica de unos 8.000 metros cuadrados en la colina de Querena en la confluencia del Barranco Alcaparrosa y a la margen izquierda del Valle del río Chillón, aproximadamente a 1200m de altitud, en el distrito de Santa Rosa de Quives, Provincia de Canta, departamento de Lima, en Perú.

Una Antigua Ciudadela

Recientes teorías, afirman que aparte de la ciudadela de Caral (con más de 5000 años de antigüedad), en el Perú pre incaico existieron ciudadelas mucho más antiguas; y que una de estas estaría ubicada en el sitio arqueológico de Checta, y esta había sido arrasada o derrumbada por movimientos telúricos o aluviales. 

Esta teoría estaría avalada circunstancialmente, y con bases bibliográficas, ya que en el siglo XVI Francisco de Ávila en su crónica “Dioses y hombres de Huarochirí”, señala que el dios Pariacaca desalojó de las tierras altas de Checta (Huarochirí) a diversos pueblos Yungas para que sus hijos se establezcan en ellas.

El Estallido Cultural

Diversas teorías postulan una extraña relación del hombre primitivo con los “Dioses”, los cuales habrían transferido conocimientos necesarios sobre agricultura, ciencias y viajes transdimensionales. Las conjeturas se respaldan en extrañas construcciones, trazados y marcas presentes en cuevas, megalitos, grabados y pinturas en todo el mundo.



Miles son las pinturas y piezas arqueológicas que han alimentado la curiosidad, el asombro y la incomprensión de la humanidad, convirtiéndose en un atractivo producto explotado por escritores, investigadores y cazafortunas.

Así por ejemplo, en Perú, Bolivia, Chile, Ecuador, Brasil, Colombia, México, Costa Rica, Japón, China, India, Australia, Inglaterra y España es posible encontrar singulares manifestaciones labradas hace miles de años y donde la rareza de las piezas encontradas abren las puertas a la dimensión desconocida. ¿Pero frente a qué estamos: seres no terrestres, sacerdotes terrenos o deidades supremas?

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