martes, 29 de julio de 2014

Hace poco tiempo se culminó la edición crítica de los rollos del Mar Muerto; conformando una serie, de carácter internacional, formada por 37 volúmenes que contienen todos los manuscritos encontrados en las cuevas de Kirbeth Qumrán, a orillas del Mar Muerto, por un beduino en 1947. Esta edición integra todos los manuscritos en la colección“Descubrimientos del Desierto de Judá” publicada por la Universidad de Oxford, no cierra la página de las preguntas y las dudas que estos textos ocasionaron ya que, aún,  quedan muchas cuestiones que merecen nuestra atención. Uno de los documentos más inquietantes sigue siendo el famoso Rollo de Cobre (identificado con la sigla de 3Q15), texto sobre el que aparecen  nuevas interpretaciones que aventuran el lugar en el que fueron escondidos los tesoros del Templo de Jerusalén antes de ser incendiado y destruido por los romanos en los años 68-69.


El Rollo del Cobre fue descubierto en 1952 y publicado diez años después por el polaco Jozeph Milik (Las pequeñas cuevas de Qumrán, en la serie “Descubrimientos del Desierto de Judá”, 1962)Fuo encontrado en la cueva número tres junto a otros manuscritos escritos sobre pergamino. Al fondo de la cueva permaneció oculto durante casi dos mil años. Aquel año, el mundo judío celebraba el cuarto aniversario de la proclamación del Estado de Israel. En Jerusalén estaba el estudioso alemán Karl Georg Kuhn quien, al analizar el texto, se dio cuenta de la importancia de su contenido. El manuscrito describía los lugares en donde habían sido escondidos tesoros de oro y plata. Desde ese momento no han dejado de sucederse los investigadores -arqueólogos y filólogos- que se sumergieron en los misterios de este enigmático libro copiado sobre cobre. Estaba en juego recuperar el gran tesoro del Templo de Jerusalén.

En la actualidad el Rollo de Cobre se encuentra en Ammán, en el Museo Arqueológico de Jordania (la gran mayoría de los manuscritos del Mar Muerto se encuentran en el Santuario del Libro del Museo de Israel o en el Museo Rockefeller, los dos en Jerusalén).
El Rollo de Cobre es el único texto que no fue escrito sobre papiro o pergamino. El autor -o los autores- eligieron una plancha de cobre fino y puro (99 por ciento de cobre y 1 por ciento de estaño) con el fin de dejar constancia del itinerario para descubrir el lugar en donde fueron escondidos los tesoros del Templo. Los hombres de Qumrán, antes de su exterminio por parte de los romanos en el año 68-69, decidieron esconder esa información en una de las cuevas para protegerlos.
Aquellas planchas de cobre permanecieron casi dos mil años enterradas. La temperatura del suelo, el alto nivel de salinidad del ambiente (originado por la cercanía del Mar Muerto) y la oscuridad del lugar fueron algunas de las razones que hicieron que llegaran hasta nuestros días.
Tras su descubrimiento, el misterio no fue desvelado hasta que, años después, un grupo de especialistas diseccionaron, en forma de lengüetas paralelas, las tres planchas de cobre oxidadas unas sobre otras, desenrollando el manuscrito. Así los paleógrafos apreciaron una caligrafía hebrea diferente, a todas las identificadas entre la colección de manuscritos en cuero y papiro. La dureza de los trazos y el estilo cuadrado de las letras era comprensible para quien, acostumbrado a escribir con pluma, se veía obligado a esculpir sobre un cobre. Este dato llevó a los investigadores a sostener la imposibilidad de datar el documento a través de la grafía como se estaba comenzando a hacer con el resto de los manuscritos. Si bien no hay duda que se trata de un documento escrito en hebreo, los especialistas reconocieron que era un hebreo coloquial -similar al arameo de la época- ciertamente anterior a la Mishná; un idioma bárbaro, lleno de imprecisiones gramaticales y errores del copista. Hoy la mayoría de los investigadores consideran el Rollo de Cobre un documento anterior al año 68 del siglo I EC.
Pero lo realmente importante estaba en el contenido de las palabras hebreas cinceladas:  listas de lugares con  tesoros jamás imaginados. La década de 1960 se convirtió en un sin fin de campañas de búsqueda de los tesoros del Rollo de Cobre.
Jozeph Milik -editor oficial del manuscrito- aventuró las primeras interpretaciones de un documento a simple vista misterioso y fantástico. Analizó los textos y llegó a la conclusión de que aquellas cifras eran demasiado grandes como para ser auténticas. Parecía imposible que tanta riqueza acumulada permaneciera escondida, durante casi dos mil años, sin descubrirse. Milik intentó explicar el contenido del documento como una exageración fantasiosa de riquezas y tesoros incalculables. Pero en ningún momento fue capaz de explicar las razones por las que los hombres de Qumrán habían puesto por escrito aquel texto en un material diferente a los cueros y papiros utilizados en el resto de los manuscritos.
Mientras Milik se dedicaba a buscar justificaciones a aquel texto, el británico John Allegro -especialista en filología semítica y en la paleografía de los manuscritos- inició por su cuenta una serie de campañas clandestinas en busca del magnifico tesoro descrito en el Rollo de Cobre. Allegro había estado presente en 1956 en Mánchester en el momento en el que el rollo era abierto. En 1960 -dos años antes de la edición oficial de Milik- John Allegro publicó una edición pirata, que produjo malestar en los investigadores. Paralelamente, Allegro siguió un itinerario de búsqueda, a través de los lugares cifrados aparecidos en el documento. Después de una larga serie de excavaciones por el desierto de Judá, abandonó la búsqueda.
El Rollo de Cobre contiene una lista de 64 lugares de tesoros escondidos. Es como el plano de un tesoro en donde primero se nombra un lugar geográfico -en todos los casos desconocido, a través de un nombre cifrado o en clave-, y después se describe la cantidad de riquezas escondidas y el método para sacarlas a la luz. En la mayoría de los casos, las riquezas se refieren a objetos de oro y plata,  relacionados con la liturgia y las prácticas religiosas, un argumento que hizo que los primeros investigadores identificaran aquellas riquezas con los tesoros del Templo.
Se hablaría de más de un centenar de toneladas de metales preciosos. 
Hoy, cincuenta años después del descubrimiento, no conocemos el contenido de las palabras del Rollo de Cobre. Algunos investigadores le restan importancia y lo identifican con un escrito metafórico e imaginario. Otros lo consideran el documento un texto cifrado del que no tenemos la clave para resolver. Los primeros basan sus argumentos en el carácter apocalíptico del grupo de Qumrán, las reivindicaciones mesiánicas y de final de los tiempos llevaron a aquellos hombres a pensar en un más allá lleno de riquezas y tesoros incalculables. Los segundos, basan sus argumentos en el lugar a donde fueron a parar todas riquezas y tesoros del Templo de Jerusalén que los romanos nunca llevaron a Roma y de los que no ha quedado constancia ni rastro por ningún otro lugar.
Al final el autor del manuscrito habla de un duplicado del documento, también escondido y en el que tendríamos las claves para descifrar los enigmas del texto y los lugares en donde los tesoros fueron sepultados. El investigador K. McCarter sostiene que hasta que no este esa segunda copia no se podrán unir los dos textos y descifrar el código del documento.

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