viernes, 11 de abril de 2014




GIGANTES EN LA PATAGONIA - Gigantes en el siglo XVI

Los primeros europeos que navegaron las costas patagónicas fueron Fernando de Magallanes y su tripulación en 1520. Su primer encuentro con los aborígenes (los Tehuelches) fue registrado por Antonio Pigafetta, el cronista de la expedición, en un famoso pasaje:



"... alcanzamos a los 49 grados y 30 minutos de latitud Sur (aclaración: por la costa atlántica de Sudamérica, en la actual República Argentina), donde encontramos un buen puerto..."



"Transcurrieron dos meses antes de que avistásemos a ninguno de los habitantes del país (alrededor del 20 de abril). Un día en que menos lo esperábamos se nos presentó un hombre de estatura gigantesca. Estaba en la playa casi desnudo, cantando y danzando al mismo tiempo y echándose arena sobre la cabeza."



"El comandante envió a Tierra a uno de los marineros con orden de que hiciese las mismas demostraciones en señal de amistad y de paz: lo que fue tan bien comprendido que el gigante se dejó tranquilamente conducir a una pequeña isla donde se encontraba el comandante. Yo también con varios otros me hallaba ahí."



"Al vernos manifestó mucha admiración y levantando un dedo hacia lo alto quería sin duda significar que él pensaba que habíamos descendido del cielo."



"Este hombre era tan alto que con la cabeza apenas le llegábamos a la cintura. Era bien formado, con el rostro ancho y teñido de rojo, con los ojos circulados de amarillo, y con dos manchas en forma de corazón en las mejillas. Sus cabellos, que eran escasos, parecían blanqueados con algún polvo. Su vestido, o mejor dicho, su capa, era de pieles cosidas entres sí, de un animal que abunda en el país, según tuvimos ocasión de verlo después. Este animal tenía la cabeza y las orejas de mula, el cuerpo de camello, las piernas de ciervo y la cola de caballo, cuyo relincho imita."



"Este hombre tenía también una especie de calzado hecho de la misma piel. Llevaba en la mano izquierda un arco corto y macizo, cuya cuerda, un poco más gruesa que la de un laúd, había sido fabricada con tripa del mismo animal; y en la otra mano, flechas de cañas, cortas, en uno de cuyos extremos tenían plumas, como las que nosotros usamos, y en el otro, en lugar de hierro, la punta de una piedra de chispa, matizada de blanco y negro. De la misma especie de pedernal fabrican utensilios cortantes para trabajar la madera."



"El comandante en jefe mandó darle de comer y de beber, y entre otras chucherías, le hizo traer un gran espejo de acero. El gigante que no tenía la menor idea de este mueble y que sin duda por primera vez veía su figura, retrocedió tan espantado que arrojó por tierra a cuatro de los nuestros que se hallaban detrás de él".



"Las mujeres no son tan grandes como los hombres, pero en cambio son más gruesas. Sus pechos colgantes tienen más de un pie de largo. Se pintan y visten de la misma manera que sus maridos, pero usan una piel delgada que les cubre sus partes naturales. Y aunque a nuestros ojos distaban enormemente de ser bellas, sin embargo sus maridos parecían muy celosos."



Pigafetta deja entrever que la conducta de los Marinos fue lentamente decepcionando a los gigantes, quienes comenzaron rápidamente a dudar que en verdad se tratase de visitantes del cielo. A pesar del asombro por los atavíos, las naves, la incomprensible abundancia de alimentos de las naves, y, sobre todo, el terror reverencial que deben haberles infundido las armas de fuego, los gigantes aborígenes dieron muestras de perspicacia y rapidez de comprensión. Incluso entre ellos mismos deben haberse producido facciones opuestas respecto de los europeos. Pigafetta continúa:



"Seis días después, algunos de nuestros marineros vieron otro gigante... Este hombre era más grande y mejor conformado que los otros, poseías maneras más suaves y danzaba y saltaba tan alto y con tanta fuerza que sus pies se enterraban varias pulgadas en la arena (!)."



"Al día siguiente obsequió al capitán uno de esos grandes animales de que hemos hablado... ; pero desde ese día no le volvimos a ver y aún sospechamos que le hubiesen muerto sus camaradas por lo que se había ligado a los nuestros."



Los europeos se prepararon para secuestrar a algunos de los nativos para poder mostrarlos y asombrar a los aristócratas de Europa. Los gigantes sospechaban algo.



"Al cabo de quince días vimos venir hacia nosotros cuatro de estos hombres, y aunque se presentaron sin armas supimos enseguida por dos de ellos que apresamos, que las habían ocultado entre los matorrales. Todos estaban pintados pero de maneras diversas."



"Quiso el capitán retener a los dos más jóvenes y mejor formados para llevarlos con nosotros durante el viaje a España; pero viendo que era difícil apresarlos por la fuerza usó el artifico siguiente: dióles gran cantidad de cuchillos, espejos y cuentas de vidrio, de tal manera que tenían las dos manos llenas; enseguida les ofreció dos de esos anillos de hierro que sirven de prisiones (grilletes encadenados) y cuando vio que deseaban mucho poseerlos porque les gusta muchísimo el hierro, y que... no podían tomarlos con las manos, les propuso ponérselos en las piernas... consintieron... y entonces nuestros hombres les aplicaron las argollas de hierro cerrando los anillos de manera que se encontraron encadenados. Tan pronto como notaron la superchería se pusieron furiosos, aullando e invocando a Setebos, que es su demonio principal..."



"...habiendo nueve de nuestros hombres más fuertes bastado apenas para arrojarlos al suelo y atarlos (consideremos que los gigantes ya estaban engrilletados con cortas cadenas), aun así uno de ellos lograba desatarse en tanto que otro hacía tan violentos esfuerzos que nuestros hombres le hirieron en la cabeza... "



Los europeos procuran luego apoderarse también de algunas mujeres y niños, pero los gigantes se dan cuenta.



"...emprendieron todos la fuga, hombres, mujeres y niños... abandonando su cabaña y todo lo que contenía. Sin embargo... uno de los hombres... hirió en un muslo con una flecha envenenada a uno de los nuestros, que murió poco después. Aunque los nuestros hicieron fuego sobre los fugitivos, no lograron atraparlos, porque... marchaban tan ligero como un caballo a escape. Los nuestros quemaron la cabaña de estos salvajes y enterraron al muerto."



Se cree que el nombre de Patagones alude a los enormes pies de los Tehuelches.




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